Intrigada por el sexo de Sofia
El personaje Sofia Acalantide
Asi se describe a si misma
Nací en Colombia, en 1978. Estudié Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente adelanto la Maestría en Estudios de Género en dicha Universidad. También hice una Especializacón en Estudios Culturales en la Pontificia Unversidad Javeriana. Fui editora del periódico Tabú; mi trabajo de Especialización fue publicado en el libro "Mundos en Disputa" bajo el título: "Parejas swingers ¿Una alternativa a las formas de dominación del deseo?".
Asi describe su vision de la sexualidad
Entiendo la sexualidad como una dimensión vital de nuestra existencia como seres humanos. Creo que vivimos en un mundo imbuido en códigos sexuales, códigos que pueden rastrearse en aquello que se dice, pero sobre todo, en aquello que se calla. Intuyo que hablar sobre lo que ha estado sistemáticamente silenciado puede eliminar los efectos viciados de esos silencios. Que el voyeurismo, el swinging, el travestismo y tantas otras opciones dejan de ser -aberradas- si dejamos de darles la espalda y nos damos la oportunidad de enfrentarlas. Que, a lo mejor, tod@s tenemos más deseos de los que nos permitimos reconocer, y que hacerlo tranquilamente nos haría personas más felices.
Ella hace desde marzo del 2006 (comenzo su blog al mismo tiempo que yo) un blog albergado por El tiempo.
Por qué me gusta Sofia ?
Me gusta su estilo de escritura. Logra el equilibrio perfecto necesario para hablar sobre temas aun tabu en nuestra sociedad. Alli donde otros pueden ser tildados de amorales, ella sale indemne con fineza. Sin dramatizar ni vanalizar; sin poner suavizante a su prosa.
Me gusta. Es osada sin osarlo demasiado, es transparente.
Entre sus blogs, quisiera hoy destacar dos : uno con sabor de "deja vu", y el otro saboreado con un dejo de temor hacia el futuro... ahi los dejo leerlos.
Pasar la noche con un fantasma....
He tenido muchas veces noticia de reencuentros de personas que tuvieron una relación sexual y/o amorosa en el pasado, muchos años atrás, una que se vio frustrada a medio camino. Un buen día vuelven a cruzarse y para entonces las vidas de cada un@ han tomado cursos diferentes. A todas luces es inviable retomar las cosas donde quedaron, sin embargo, se ven envueltos en una especie de “burbuja del tiempo” (¡hasta lenguajes nuevos se inventan!) que resulta extremadamente excitante y se dejan caer en la tentación. Usualmente pasan junt@s una noche y se separan de nuevo, hasta que el mundo gire más veces y tal vez en otra ocasión, vueltos a transcurrir los años, el pañuelo de la vida los reúna en un nuevo pliegue.
Suelen ser encuentros felices. Como se han convertido en personas extrañas la una a la otra, la conversación se detiene poco en el presente y suele ser, más bien, un dechado de recuerdos, de los días y las noches que solían pasar juntos, cuando eran mucho más jóvenes, de las fiestas, las anécdotas, l@s amig@s de esos tiempos, los sueños que se cumplieron y los que se quedaron allí.
Lo que me llama la atención de esos episodios, es que, las más de las veces, no son considerados por ninguna de las partes como una “infidelidad”. Pese a que las dos personas mantengan una relación estable, a veces con varios hij@s, y aunque sean consecuentes con el pacto de exclusividad que han entablado con sus respectivas parejas, ese encuentro que califica como “mágico” no vale como traición. El diálogo al respecto sigue un patrón como éste:
- ¿Y tú eres fiel?
- Si.
- Yo también…
- ¿Y entonces?
- Esto no vale… nos lo debíamos…
Visto desde el lado de l@s re-encontrad@s, es cierto: había un saldo pendiente. Aquella historia de amor pudo haber sido muy breve, o muy accidentada; tal vez rodeada por las dificultades logísticas de la juventud (falta de independencia o de dinero por ejemplo). Permitirse esas horas hermosas puede constituirse en el cierre necesario de un episodio que había quedado inconcluso, en el aire, latente. Todo necesita un punto final, aunque éste se ponga decenas de años después que el nudo de la historia.
Aunque hay excepciones, los re-encuentros, finalmente, no suelen ser tales, pues lo que sucede en realidad es que una vez saldada la deuda, cada quien regresa al mundo real -que tal vez está a cientos de kilómetros de aquel encuentro- a su vida cotidiana, a su familia verdadera. Es la necesidad de verse de nuevo, no para quedarse, sino para despedirse.
Ahora bien, visto desde el lado de las parejas de l@s re-encontrad@s -si es que llegaran a enterarse- todo resulta más enredado. Las inseguridades más profundas afloran, los celos, el reproche de una traición al pacto que se ha entablado. Yo me pregunto ¿quiénes son las personas que arman esa tragedia en un vaso de agua? ¿no son humanas? Enfrentadas, hipotéticamente, a un re-encuentro como el descrito ¿no actuarían de la misma forma?
Es muy probable que, a lo largo de la vida, nos encontremos en ambos lugares: en el de quien se re-encuentra por una noche con un fantasma del pasado, y en el de la pareja actual de los fantasmas. Deberíamos tener presente esa posibilidad para actuar en ambas ocasiones con la misma perspectiva, y no medir los sucesos con varas distintas. Porque las personas que amamos hoy, también tienen un pasado y también necesitan esas “burbujas”, esos cierres de ciclo, esas noches mágicas. Permitirlo sin sobredimensionar los acontecimientos, también es una prueba de amor, “amor del bueno”…
Sofía
sofia.acalantide@gmail.com
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…OTROS MUNDOS SON POSIBLES…
Los comentarios de la gente en el blog me dejan perpleja. Para algunos la infidelidad es un delito y su concepto de infidelidad es bastante caricatural. Sin embargo hay uno que me deja pensando... y habla de la territorialidad y los instintos. Y a mi parecer tiene razon. Un mundo en paz no puede ser posible (si nos basamos en la evidencia), no un mundo habitado por el ser humano tel que lo conocemos desde los comienzos de la civilizacion; de la misma manera, una relacion de pareja equilibrada y feliz, construida sobre una base de sana comunicacion, espiritu abierto y sin exclusividad nunca sera posible, al menos que la evidencia nos engañe ...el problema suele ser que en las parejas la tendencia hacia la exclusividad suele estar mas pronunciada en uno de los dos...
Tener que elegir .
Esa es una de las cosas que me resulta más incómoda de las relaciones de pareja convencionales: tener que renunciar al contacto con otras personas, contacto que ni siquiera es sexual en muchas ocasiones -aunque a veces sí- sólo porque incomodan a la pareja.
He intentado erradicar ese tipo de mezquindades de mi vida, pero como no siempre lo que nos ocurre está bajo nuestro control, no he logrado verme a salvo de ellas del todo. Recuerdo por ejemplo una de tantas historias: solía tener un amigo muy cercano, muy querido, con quien salíamos a tomar unos tragos, a bailar, o sencillamente a caminar por la ciudad. También hacíamos el amor ocasionalmente. Un buen día mi amigo conoció a la mujer de su vida -una persona encantadora, por cierto-, se enamoró y se casó. Tod@s sabemos que cuando un amigo o una amiga comienza una relación de pareja, tiene mucho menos tiempo que dedicar a otras personas, y eso me parece muy razonable, nos pasa a tod@s. Sin embargo, en aquella ocasión “menos tiempo” se convirtió en “nada de tiempo” y las “otras personas” en sólo una: yo. Mi amigo dejó de salir y de hablar conmigo. Tras invitarlo un par de veces y encontrarme -cuando conté con suerte- con una reunión familiar a cambio (en vez de las divertidas horas que solíamos pasar juntos), desistí. A buena entendedora pocas palabras.
Hace unos meses lo vi de nuevo y tuvimos, por fin, ocasión de conversar. Tal como lo había intuido en su momento, mi amigo se alejó de mí porque su esposa sentía muchos celos de nuestra relación. Le dije -y de verdad lo pienso- que ante todo éramos amigos y que nos unía el afecto, lo otro, los esporádicos escarceos sexuales (de los que, por cierto su esposa nunca se enteró), hubieran podido cortarse perfectamente. Pero ahí viene la parte que más me incomoda, su respuesta:
- No, no hubieran podido cortarse. Porque es cierto que somos amigos antes que nada, pero estoy seguro que en alguna de esas salidas yo desearía acostarme contigo, de hecho lo deseo, así que mejor evitar la tentación.
Si su declaración hubiera sido serena y alegre, estaría bien. Pero no lo era. Había tristeza en sus palabras, había sacrificio. Él hubiera querido poder salir conmigo y hubiera querido besarme y hacer lo que hacíamos antes, pero no podía.
Entendámonos: he escrito antes que algunas veces no se puede tener el pan y el queso al mismo tiempo, y que en ocasiones es necesario hacer renuncias (como en el caso del hombre al que le gustaba la esposa de su mejor amigo). También he dicho (AQUÍ)
que la infidelidad me parece una opción lamentable: engañar a quien se dice amar es ruin. Lo que quiero decir ahora -y que no riñe con lo anterior- es que no entiendo por qué elegimos apostarle a relaciones que nos resultan frustrantes.
Si mi amigo hubiera renunciado gozoso a la vida que tenía antes de casarse, me hubiera parecido perfecto, una elección (en este caso de monogamia) que le hace feliz. Lo que me conflictúa -y no entiendo por qué pasa tan desapercibido- es que no está conforme con la vida que lleva; que me desea y tiene que reprimir eso. Me pregunto: ¿a cuántas personas deseará su esposa y también lo reprime? ¿cuánto tiempo resiste una relación que guarda tantas represiones en su interior? ¿por qué deciden (y decidimos: también me he visto en esas) mantener esa relación en los mismos términos? Por supuesto, decidimos mantener estas relaciones porque son más las cosas lindas que las pérdidas, pero fíjense en la segunda parte de la pregunta: ¿Por qué en los mismos términos? ¿Por qué no aprovechamos el escenario privilegiado del amor para inventar nuevas posibilidades de relacionarnos, que no pasen por el engaño, pero tampoco por las renuncias personales gratuitas?
Sofía
sofia.acalantide@gmail.com
Perfl en Facebook:
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Yo creo firmemente en el amor, en la entrega, en la construccion de un futuro a dos. Tambien creo fundamentalmente que hay renuncias que no valen la pena, que hay nuevas posibilidades de relacionarnos en las que se tendria mucho por aprender y mucho que aportar. Si tan solo comprendieramos y aceptaramos la verdadera diferencia entre renuncia y represion, y apreciaramos las consecuencias de esa diferencia en nuestra calidad de vida y en la calidad de nuestras relaciones...
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